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Archive for the ‘Los elementos del Periodismo (Libro)’ Category

La clave está en reinventarse

Reflexión sobre “Compromiso y relevancia”, octavo capítulo del libro “Los elementos del Periodismo”, de Bill Kovach y Tom Rosenstiel:

La audiencia quiere información y entretenimiento (infotenimiento) a la vez y, durante estos últimos años, las empresas informativas, con el objetivo de conseguirlo, han ido cayendo en el sensacionalismo barato. Sirvan de ejemplo los programas del corazón que hoy día abundan en casi todas las cadenas de televisión.

“Los periodistas deben esforzarse para que el significante sea sugerente (atractivo) y relevante“. Así lo ordenan Kovach y Rosenstiel en “Los elementos del Periodismo”. ¿Cómo se consigue ésto? Pues uniendo cada uno de los criterios que hemos ido comentando a lo largo de todos los posts anteriores de este blog.   El periodismo debe reinventarse, una necesidad vital. Quizás, una de las vías más eficaces sea la del ya conocido periodismo “hiperlocal”. La gente busca historias buenas y cercanas, a ellos les gustaría ser los protagonistas de alguna pieza en un iformativo o en una página de un periódico. Eso sí, sin faltar nunca a la verdad, pues la pérdida de credibilidad no le viene bien a ningún reortero. Las normas básicas de contrastación y verificación de la información deben estar siempre presentes, lo cual lleva incluido de serie un buen tratamiento de las fuentes.

Llegados a este punto, volvemos a un aspecto tratado con anterioridad. Si las empresas informativas caen en el sensacionalismo, ¿a quién sirve el periodista? ¿quién manda aquí?. El profesional debe plantarse y apoyar esa reinvención periodística, sin dejarse influir, puesto que es esclavo de su audiencia, quien a su vez es su mayor tesoro. Ahora bien, ¿qué se puede hacer para entretener al público a la vez que se le da información relevante?. Podemos encontrar una infinidad de propuestas que ya se utilizan, como experimentar con técnicas narrativas, el relato de experiencias, aportar una nueva estructura a las noticias, centrarse en el personaje y los detalles… Considero que, por ejemplo, en el periodismo escrito una buena alternativa sería la de expermientar con técnicas narrativas, como si se contara una pequeña historia con un personaje principal, una trama, un argumento y un escenario. Los datos perderían su frialdad, se captaría la atención del lector y, como indica Roy Peter Clark, profesor de escritura en el Poynter Institute de Florida, “la noticia ganaría en significado”. Incluso, apostaría por introducir el humor en aquellas noticias que fueran susceptibles de ser contadas para hacer reir.

Para informar y entretener hay que tener claro que siempre será mejor aquella noticia de la que el lector/audiencia pueda sacar alguna conclusión relevante que cualquier información morbosa y amarillista. La clave está en reinventarse.

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La audiencia toma partido

Reflexión sobre “El periodismo como foro público”, séptimo capítulo del libro “Los elementos del Periodismo”, de Bill Kovack y Tom Rosenstiel:

En varios de los posts anteriores se ha hablado de que el periodista se debe al ciudadano y a la verdad informativa, quien es realmente su jefe. Ahora bien, ¿el ciudadano es un ente pasivo que sólo recibe información? No. El receptor de un medio de comunicación puede (y debe) tomar partido en este “juego” que es el periodismo. Lectores y audiencia no sólo deben juzgar aquello de lo que se les informa, si no también la información en sí. Deben decir si están satisfechos con el “servicio periodístico”, tienen derecho a réplica. El feedback entre periodistas y público debe existir.

La aparición de Internet ha ayudado mucho a aumentar la comunicación entre el periodista y su audiencia. A los medios tradicionales como las cartas al director, se añaden los espacios para comentarios en los portales Web de la mayoría de los principales medios de comunicación, por no hablar ya de las redes sociales o los blogs, páginas éstos últimos cuya esencia reside en los comentarios de sus lectores. Por eso, hago mías las palabras de Kovach y Rosenstiel en este capítulo de “Los elementos del Periodismo”: “El periodismo debe proporcionar un foro para el debate y el compromiso públicos. […] que ese debate se construya sobre los mismos principios que el resto del periodismo, empezando por la necesidad de atenerse a la veracidad, los hechos y la verificación. Porque un foro sin consideración por los hechos no es un espacio de información. Un debate basado en los prejuicios y las suposiciones no es más que provocación” (página 187).

Desgraciadamente, en la actualidad, los espacios de más audiencia, por ejemplo, en televisión, son los menos constructivos a la hora de evitar la provocación. No hay más que ver la cantidad de programas del corazón que manchan la pantalla de nuestro televisor. Incluso algún programa deportivo se apunta a esta moda.

La pregunta es: ¿por qué? Considero que los medios de comunicación, desde hace varios años, tratan a la audiencia como una masa homogénea escasa de criterio que se conforma con el morbo televisivo. Y lo peor es que la gran mayoría del público lo acepta: “si es que es lo único entretenido que ponen en la tele, la Esteban es lo que más llama la atención”, me decía un familiar en una reciente cena de Navidad. ¿Qué puede hacer el periodista? Éste es otro difícil objetivo para los jóvenes profesionales de la información: acabar con la información basura y reinventar el periodismo, basándose en las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para crear un espacio crítico y constructivo donde periodista y público aprendan el uno del otro. Feedback del bueno.

Los medios ya no son emisores únicos. La audiencia ha salido del letargo y con una sociedad cada vez más formada e informada, es normal que los medios se conviertan en altavoz de lo que dicen los demás. Los medios no pierden las misiones hasta ahora conocidas, pero sí que deben ampliar su campo de acción para no quedarse atrás y para no sólo hablar, sino también escuchar”

Rosa Jiménez Cano, periodista, en Canarias7.es

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Periodismo fiscalizador y sin prejuicios

8 enero 2010 1 comentario

Reflexión sobre “Vigilar al poder y dar voz al que no la tiene”, sexto capítulo de “Los elementos del Periodismo”, de Bill Kovach y Tom Rosenstiel:

Gobierno y sociedad, políticos y gente de a pié, son dos de los elementos entre los que se encuentra el trabajo del periodista. ¿A quién servir? Al ciudadano. El poder político debe tener a alguien que controle su actividad de manera fiscalizadora, y ese fiscal es la sociedad en su conjunto. Pero a ésta última hay que facilitarle esa labor para que pueda ejercer bien su labor controladora, y esa es tarea del periodista, mediar entre las instituciones y los ciudadanos siempre fiel a la verdad. Se habla muchas veces de que el periodismo representa un “cuarto poder“. Pues bien, ese cuarto poder es el control que debe ejercer sobre las instituciones, de manera independiente y siempre dirigido a informar al público para que éste tenga constancia de los hechos y juzgue.

Uno de los medios más efectivos e importantes para desarrollar bien esta tarea es el periodismo de investigación, fruto del trabajo de Boobward y Bernstein con sus investigaciones en el escándalo Watergate. Kovach y Rosenstiel hablan en su libro de “la función fiscalizadora del periodismo de investigación”. En el párrafo anterior hemos asociado al ciudadano a esta función, y es que el periodista, como ciudadano, también debe ejercer esta labor, pero desde un punto de vista objetivo y meramente informativo, siempre con una investigación rigurosa. Para ello es también importante el tratamiento de las fuentes informativas.

Antes de que alguien participe como fuente le digo cómo trabajo, le digo que voy a grabar sus declaraciones, le digo que voy a preguntar sobre él a otras personas, que aunque me parece un tipo estupendo, voy a tener que comprobar que lo que me dice es cierto. […] Le digo que si accede a hablar conmigo, punto y aparte. Dejará de tener el control, aunque sí lo tendrá en cuanto a su grado de participación. Si cuando empiece a grabar hay algo que no quiera decirme, que no me lo diga, porque si lo hace, quedará registrado

→ Boob Woodward. “Los elementos del Periodismo”, Kovach y Rosenstiel, página 173.

Un buen reportaje de investigación conlleva todo aquello de lo que ya se ha comentado en posts anteriores: mantener un buen contacto con las fuentes, ser fiel a la verdad, no dejarse influenciar y contrastar toda aquella información que nos llegue. Es muy importante, a la hora de hacer un reportaje, el hecho de no permitir influencias.

Hacer un reportaje es ir al lugar de los hechos, investigar y contar nada más y nada menos que lo que veas y lo que te digan, siempre contrastando. No hay que tener un enfoque predeterminado, no existen los prejuicios

Mariola Sabuco, redactora jefe del diario Información en la delegación de Elche.

Pueden haber muchos tipos de intereses (empresariales o políticos) externos que quieran que el periodista modifique la información para satisfacer a un determinado sector. Por lo cual, como ya comenté ayer, los blogs son una gran herramienta para aquel que quiera librarse de cualquier influencia que pueda modificar su producto informativo. Aunque, como bien expresó Santi (diariodehoy) en un comentario anterior, los blogs “tienen limites que un medio tradicional rompe por sus propias características (marca, número de empleados, audiencia…)”. Ahí surge una ¿nueva ? meta.

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Contrastar, verificar y volver a contrastar

8 enero 2010 1 comentario

Reflexión sobre “Periodismo de verificación”, cuarto capítulo del libro “Los elementos del Periodismo”, de Bill Kovach y Tom Rosenstiel:

Si el 80% del trabajo de un periodista es elaborar una buena agenda de contactos, el restante 20% es contrastar la información que éstos le puedan dar como fuente. Y es que el ejercicio periodístico, en cualquiera de sus facetas, lleva incluida de serie la tarea de verificar todo aquello que se vaya a publicar/emitir/colgar. El objetivo no es otro que el de cumplir con la obligación de no mentir.

A pesar de que se insista mucho en que el profesional ha de acudir a tantas fuentes como le sea posible para contrastar la información, no siempre se cumple, lo que puede acarrear problemas de falta de credibilidad. Tal y como reflejan Kovach y Rosenstiel en su libro, el periodista debe ser desconfiado, nunca debe dar nada por sentado ni sacar a la luz algo de lo que no esté seguro. Una llamada a un par de fuentes puede ser la solución a esta inseguridad. Por otra parte, el reportero tampoco ha de añadir ni modificar nada a la información que le proporcionen. Es algo obvio pero que ocurre en bastantes ocasiones, en su mayoría fruto del rápido ritmo de trabajo que exige el periodismo actual y las ansias de notoriedad.

Pero hay un concepto muy importante que muchas veces pasa desapercibido para el periodista: humildad. El profesional de la comunicación debe ser consciente de los límites de sus capacidades. No debe dárselas de listillo aunque domine con pasmosa habilidad determinado tema. No hay que olvidar que el periodista es un continuo aprendiz de todo aquello que le rodea, por lo que debe adoptar una actitud humilde, aunque no exenta de crítica constructiva. Es como si a una persona que entiende de fútbol pero que nunca lo ha jugado,  llega a un equipo y dice: “perdonad, no sé jugar al fútbol pero sí las normas y quiero aprender, ¿me enseñáis?”.

La humildad evita errores innecesarios, en muchas ocasiones productos de las ganas del periodista por llamar la atención, sirva de ejemplo el caso que Laura Goldstein (redactora especializada en religión del New York Times) explica en “Los elementos del periodismo” (páginas 119 y 120): durante una oración del Pentecostés en las escalinata del Capitolio de Washington, uno de los animadores exclamó: “Roguemos a Dios para que destruya a todos aquellos que están en el Capitolio”. El reportero que cubría el evento entendió que “destruir” significaba “matar”, y así lo reflejó en su escrito, pero no sabía que, como explica Goldstein, “cualquier pentecostal sabe que rogar a Dios para que destruya a alguien significa que lo destruya en espíritu, que esa persona sea invadida por el amor a Jesús”.

También comentamos la importancia de contrastar la información en algún post anterior: Woodward y Bernstein, los reporteros del caso Watergate, convertían en obsesión propia la tarea de verificar toda la información que les llegaba y que era susceptible de publicarse, por eso dieron en el clavo en sus investigaciones. La verdad lleva al éxito.

Fragmento del “Encuentro Digital” con Lorenzo Milá en elmundo.es el 13 de Junio de 2005:

[Pregunta]11. ¡HOLA LORENZO! ¿Qué hace un periodista cuando recibe una información anónima y parece ser que es real? No pienso en Lydia Lozano, pero bueno, ahora que lo pienso a lo mejor sí… O sea: ¿cómo lo hacéis para contrastar informaciones que parecen no tener fuente? Pau P. C. Barna

[Respuesta] Pues es la norma básica de cualquier periodista: CONTRASTAR. Hay que llamar y llamar, preguntar y rebuscar hasta que varias fuentes de confirman ese dato o esa información. Lo que hay que tener es la honestidad suficiente para frenar el proceso si no consigues contrastarlo. Lo que sobra muchas veces son ganas de firmar noticias destacadas. Una vez más: vanidad periodística.

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El periodista y sus jefes

Reflexión sobre “¿Para quién trabaja el periodista?”, tercer capítulo del libro “Los elementos del Periodismo”, de Bill Kovach y Tom Rosenstiel:

En este tercer capítulo de “Los elementos del Periodismo“, Kovach y Rosenstiel hablan sobre cómo la perspectiva empresarial del periodismo ha ido cambiado el concepto de “independencia” del mismo. El periodismo, sin lugar a dudas, es un negocio, pero también es un servicio. El periodista se debate ahora mismo en quién es el receptor de ese servicio. Se supone que cualquier profesional del sector debe lealtad a su lector/audiencia, pero la faceta empresarial de un medio de comunicación puede hacer variar esta cuestión. Actualmente, muchos medios de comunicación ofrecen información sesgada que responde a intereses particulares. Ahora bien, ¿intereses de quién? Pueden haber varios interesados: los dueños del medio, los anunciantes, los políticos… Ésta es una tendencia que, con el paso de los años, ha hecho que el periodismo pierda valor con el consiguiente descenso de crédito de cara al ciudadano, el verdadero “jefe” del periodista.

Un ejemplo de cómo estos intereses pueden interferir en el producto periodístico es el programa radiofónico “La Brújula“, de Onda Cero y presentado por el periodista Carlos Alsina. Es un espacio que tiene mucha audiencia pero que, a su vez, incluye una gran cantidad de cortes publicitarios que distrae la atención del oyente. Es cierto que los ingresos publicitarios son la mayor fuente de ingresos de una emisora de radio pero, entonces, ¿quién manda aquí? ¿los anunciantes o el público deseoso de buena y completa información?

El periodista se debe al ciudadano, aquél que compra y lee el periódico cada mañana, aquél que escucha la radio sentado en el sillón, aquél internauta que busca información y actualidad. Si en el caso que comentábamos en el post anterior, Bergman hubiera cedido ante la presión de sus superiores (debidas a intereses económicos), jamás se habría descubierto el fraude de aquella empresa tabacalera y los ciudadanos estadounidenses seguirían sin conocer la manipulación de la nicotina que allí se llevaba a cabo.

El profesional de la comunicación debe luchar por su independencia y, actualmente, una buena herramienta para ello son los blogs, muchos de ellos editados por los propios periodistas que no quieren tener encima el peso de una cabecera, ni cualquier presión política o empresarial. Liberarse de esas abultadas cargas es el gran objetivo del buen periodismo.

Yo no trabajo para ustedes. Ustedes me pagan, lo cual les agradezco, pero la verdad es que yo no trabajo para ustedes, y si se trata de una cuestión de lealtad, mi lealtad estará con la persona que enciende el televisor.

Nick Clooney, presentador de televisión, a sus superiores.

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